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Angiomas

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Angiomas

Los comúnmente llamados angiomas comprenden dos categorías principales: las malformaciones vasculares y los tumores vasculares (hemangiomas).

Los tumores vasculares se conocen también como los "angiomas de la infancia".


Son bastante frecuentes; afectan hasta al 2.6% de los recién nacidos y hasta al 12% de los niños menores de un año. El 30% se diagnostican en el momento del nacimiento y el resto suelen aparecer en las primeras 4 semanas de vida.

Los angiomas son más frecuentes en niñas, y en prematuros y bebés de bajo peso. Hasta el 24% de los pacientes experimentan alguna complicación; entre ellas, la más frecuente es la ulceración (16%). Hay un caso especial con mayor morbilidad que es el síndrome PHACE, enfermedad con afectación neurológica y cutánea, que supone el 2-3% de todos los pacientes con angioma infantil y al menos el 20% de los que tienen un angioma segmentario en la cara.

El tumor vascular congénito más frecuente es el hemangioma infantil, también conocido como angioma “en fresa”, que expresa un marcador que se llama GLUT-1. Este marcador permite diferenciarlos del hemangioendotelioma congénito, que no expresa GLUT-1.

La mayoría de los hemangiomas infantiles se resuelven espontáneamente.


Sin embargo, es posible que aparezcan complicaciones graves durante su evolución y por eso hay que identificar los casos susceptibles de sufrirlas para instaurar el tratamiento de forma precoz.

Los angiomas de la infancia tienen una fase prodrómica en forma de mancha en la piel (rosada, azulada, blaquecina…) que puede ser muy sutil; una fase inicial en que en pocos días el angioma protruye y su color se vuelve de un rojo más intenso; una fase de proliferación; otra de maduración, en que se detiene el crecimiento y, finalmente, una fase de regresión, que suele haber finalizado totalmente a los 6 años de vida.

Muchas lesiones curan sin dejar rastro. Otras dejan telangiectasias o piel redundante. El diagnóstico se efectúa gracias a la historia médica, la exploración física, la ecografía y sobre todo la resonancia magnética nuclear, que sirve para determinar la extensión de la lesión y para diferenciarla de otras entidades patológicas.

El tratamiento solo es preciso (con propanolol) en algunos casos: los angiomas de la columella nasal, vías respiratorias, región anogenital, dedos y los de crecimiento rápido. En ocasiones está indicado el tratamiento quirúrgico, y finalmente, a partir de los 6 años, pueden tratarse las secuelas, en función de cuáles sean, con láser o cirugía.

Se cree que las malformaciones vasculares se deben a un desarrollo aberrante de las estructuras vasculares durante el desarrollo embrionario y fetal.


Pueden ser capilares, arteriales, linfáticas, venosas o una combinación de alguna de las previas. Están presentes en el recién nacido, crecen proporcionalmente con el bebé, y no involucionan espontáneamente.

Las malformaciones capilares, que son las que más frecuentemente atañen al dermatólogo, como las angiomas en vino de Oporto de la cara, pueden tratarse satisfactoriamente con láser de colorante pulsado.

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