Concepto. ¿Qué es el Botox?
En pocas ocasiones un “veneno” se rodea de “glamour” e irrumpe en el arsenal terapéutico de una especialidad casi al mismo tiempo que en la sociedad. La toxina botulínica es un conjunto de proteínas sintetizadas por Clostridiumbotulinum, consideradas como el veneno de origen natural más potente que existe. Algunas personas asocian el botulismo a la toxina botulínica y este hecho crea cierta intranquilidad. En la inyección no hay absolutamente ninguna bacteria, nada vivo. Lo que contiene es una mínima parte de la proteína que produce esa bacteria la cual localizamos en un músculo concreto que queremos relajar.
Actualmente millones de personas emplean este producto con fines estéticos. De hecho, en los últimos años la toxina botulínica se ha convertido en la técnica estética dermatológica más utilizada en todo el mundo, constituyéndose en el procedimiento cosmético por excelencia. A su vez, sus indicaciones se han multiplicado en multitud de ámbitos de la medicina, como la corrección de asimetrías faciales (rehabilitación facial) y otros usos médicos no estéticos. Se trata del fármaco con más aplicaciones médicas del mercado y ha revolucionado el manejo de muchas enfermedades en dermatología, neurología, oftalmología, rehabilitación, urología, digestivo, unidades del dolor, etc.
La toxina botulínica se ha empleado desde hace más de 30 años para el tratamiento de alteraciones oftalmológicas y neurológicas con gran seguridad y eficacia. La aplicación de la toxina botulínica en medicina comienza en 1973 de la mano del Doctor Scott en el tratamiento del estrabismo, y su comienzo dentro de la neurología tiene lugar en 1985, cuando se emplea en el tratamiento del blefaroespasmo y de otras espasticidades discapacitantes; estos pacientes viven lo que se ha denominado “el milagro” de recuperar visión o motilidad. En 1987 desembarca de lleno en el campo de la dermatología cuando comienza a emplearse para mejorar las arrugas de expresión y desde 1996 en el tratamiento de la sudoración.
Se trata de una técnica inmejorable para suavizar las expresiones más inestéticas de la mímica facial (envejecimiento, cansancio, estrés, tristeza), y sus correspondientes arrugas de expresión. Es un procedimiento no invasivo, seguro, bien tolerado, y con muy baja incidencia de efectos secundarios o complicaciones, en cualquier caso leves y temporales. Esto explica la difusión exponencial de esta técnica en el mundo estético, necesitado de alternativas a la cirugía, convirtiéndose en el eje de la prevención y tratamiento del envejecimiento facial.
Hoy día se habla mucho de las distintas “marcas” que existen en el mercado. La pionera en comercializar el producto fue la multinacional Allergan con Vistabel®, seguido por Azzalure® de la compañía farmacéutica Galderma en septiembre de 2009 y en último lugar en enero de 2011 Bocouture ® de los laboratorios MerzAesthetics. Las tres marcas tienen el mismo principio activo en sus fórmulas que es la toxina botulínica tipo A, y las tres obtienen los mismos resultados y los mismos efectos a los pacientes en cuanto a duración de los efectos, resultados, etc. Por tanto, al contrario de lo se ha hablado en algún medio de comunicación, no podemos hablar de un “nuevo botox”, sino que son 3 laboratorios que comercializan un producto. De hecho, empleamos indistintamente las tres marcas comerciales y el paciente no lo aprecia.
Las arrugas de expresión de la mitad superior de la cara constituyen la indicación más importante de la toxina botulínica en cosmética. Las arrugas del entrecejo, perioculares y de la frente mejoran de forma espectacular con una adecuada técnica de inyección, al suavizarse los gestos que las producen, durante unos 4-6 meses después de cada inyección.Aunque su efecto es transitorio, su aplicación es fácil y poco traumática, lo que permite prolongar sus efectos indefinidamente a través de inyecciones seriadas. La toxina botulínica se aplica mediante inyección con la aguja más fina que existe (32G), produciendo una relajación del músculo donde es inyectado. No deja cicatrices ni produce inflamación alguna. Inmediatamente se puede hacer vida normal después del tratamiento. El dolor es mínimo y por tanto no es necesaria anestesia. En tratar la cara entera se tarda alrededor de 10-15 minutos y los efectos se empiezan a notar a los 4-5 días, incluso algunos pacientes pueden mejorar a las 24 horas. No obstante, la mejoría llamativa se produce a los 15 días del tratamiento.
Además, empleando técnicas de infiltración avanzadas, tiene capacidad de producir un efecto lifting sin cirugía. Relajando en determinados puntos estratégicos los músculos depresores de la cara conseguimos aumentar la acción de los músculos elevadores. De este modo se logra elevar estructuras faciales como por ejemplo las cejas, la papada, nariz y mejillas. Con ello conseguimos revertir la acción del tiempo, ya que recuperando la tensión de esas áreas conseguimos una mirada más fresca y natural, mejorando el aspecto cansado o triste de la cara.
Realizando una técnica adecuada los efectos secundarios son prácticamente nulos y el grado de satisfacción de los pacientes es excelente. Varias publicaciones en revistas científicas de prestigio demuestran que se trata del procedimiento cosmético con un mayor grado de satisfacción por parte de los pacientes si se realiza por dermatólogos especializados, que tengan experiencia en la técnica y un conocimiento exacto de la musculatura facial. Se trata por tanto de una técnica que requiere de mucha precisión porque si se relajan músculos con la toxina botulínica de forma inadecuada, el resultado puede ser una alteración no sólo estética, sino funcional. Estos efectos dependen fundamentalmente de una técnica de inyección no adecuada, y por suerte se resuelven de forma espontánea en unos 2 meses, pero durante este tiempo resultan muy incómodos tanto para el paciente como para el médico ya que, de igual forma que sucede en todos los procedimientos cosméticos, cualquier contratiempo se vive con ansiedad y sufrimiento, al no ser consecuencia de una acción necesaria para solucionar una enfermedad, sino de un acto voluntario para conseguir una mejoría estética.
El conocimiento de la adecuada forma de administración es la mejor garantía para evitar efectos secundarios y asegurar el éxito de los resultados. Por ello realizamos un esfuerzo continuo de formación de dermatólogos de toda España. El módulo de toxina botulínica, dirigido por el Dr. Jaen y el Dr. Fernández Lorente se ha constituido en una de las clases que suscitan más interés en el Master en Dermatología Estética de la Universidad de Alcalá. Los alumnos son dermatólogos que se quieren formar en el campo de la estética. Contamos con clases teóricas y prácticas en las que enseñamos a los alumnos a realizar el procedimiento a pacientes -bajo la supervisión de profesionales del Grupo de Dermatología Pedro Jaen- lo que redunda en un alto índice de aprovechamiento de estos conocimientos adquiridos para su vida profesional.
A través del Master que dirige el Dr. Pedro Jaén y nuestra presencia en congresos internacionales comunicamos a los dermatólogos nuestra experiencia en el empleo de toxina botulínica. La técnica necesita convertirse en arte y armonizar la mímica facial, de forma que suavicemos las expresiones, y por tanto las arrugas, relacionadas con el envejecimiento, el mal humor, el estrés y la tristeza, y conservemos el resto. Es necesario de momento volver al concepto de escuela y aprender la técnica directamente de profesionales con mayor experiencia. Esta es la principal motivación que nos hizo introducir un módulo de toxina botulínica en el Master de la Universidad de Alcalá de Henares, contando con especialistas internacionales de prestigio y con dermatólogos de Grupo de Dermatología Pedro Jaén.
El procedimiento es difícilmente estandarizable en cuanto a técnica y a dosificación, dado que la mímica facial es algo individual y realmente se necesita una mezcla de “arte y técnica” para obtener los mejores resultados. Es una experiencia frecuente el asistir a un panel de expertos y encontrar abanicos amplios en cuanto a dosificación y también variaciones no despreciables en cuanto a técnica de inyección. De hecho, muchos libros de medicina donde se describe cómo se debe realizar la técnica proponen dosis y puntos de inyección que no producen resultados naturales. Si esto es así en la mitad superior de la cara, el tratamiento de las arrugas de expresión de la mitad inferior de la cara y del cuello tiene unos resultados aún más variables y sujetos a la valoración de cada caso individual.











