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¿Cuál es el mejor tratamiento para las varices?

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¿Cuál es el mejor tratamiento para las varices?

Esa es una pregunta muy frecuente en una consulta de Cirugía Vascular. En Medicina, cuando existen varios tratamientos para una misma patología es porque ninguno es perfecto. Las varices no son una excepción a esta máxima.

Aún así, yo creo que la respuesta a esta pregunta no es tan difícil, ya que la comunidad científica en general reconoce que el mejor tratamiento es una correcta combinación de las técnicas disponibles.

Efectivamente, las varices tienen una expresividad clínica muy variable. Las varices de cada paciente son únicas en cuanto a su causa, su localización, su tamaño, su color, el color de la piel, la edad o los factores de riesgo del paciente, etc.

No hay dos casos iguales y sin embargo al ser una patología tan frecuente hay unos patrones muy definidos de la enfermedad, lo que nos suele facilitar la toma de decisiones.


En la actualidad, disponemos de técnicas quirúrgicas que llamamos “clásicas” cuya principal virtud es precisamente el aval que les dan los años de experiencia y sus buenos resultados a largo plazo para las varices de mayor tamaño.

Las técnicas de ablación térmica endovenosa como son el láser endovenoso o la radiofrecuencia mejoran los resultados de la cirugía convencional en el corto plazo, con resultados estéticamente mucho mejores y sobretodo con una recuperación postoperatoria prácticamente inmediata. En el largo plazo, los resultados son como mínimo tan buenos como la cirugía convencional, por lo que ya la han sustituido casi por completo en los centros de excelencia mundiales, dedicados casi de forma exclusiva a las varices. Aún así la cirugía convencional mantiene sus indicaciones, restringidas a algunos casos especiales.

La esclerosis líquida o con espuma o microespuma tiene una utilidad definitiva en las varices intermedias y en las pequeñas (colaterales y reticulares). Algunos especialistas usan la esclerosis en varices de tamaño grande (varices tronculares) con resultados fantásticos aunque parece que a largo plazo no es tan efectiva como la cirugía, el láser o la radiofrecuencia. La esclerosis es el complemento ideal para el endoláser. Ambas técnicas permiten tratar varices de gran calibre sin dejar cicatrices y con unos resultados óptimos.

En el campo de la estética la esclerosis es la reina.


Tiene diversas modalidades (líquida, con espuma, microespuma, crioesclerosis, diferentes sustancias esclerosantes, etc) cada una con sus indicaciones, ventajas e inconvenientes. Para el médico bien formado, las distintas técnicas de esclerosis son muy útiles; puede combinarlas según su experiencia y habilidad.

Pero las opciones terapéuticas son más: también disponemos del láser transcutáneo y la luz intensa pulsada. Diversas fuentes de luz, distintas longitudes de onda, energías, spots, sistemas de enfriamiento, tiempos de impulso, multipulsos… Una enorme cantidad de variables permiten tratar de forma única cada caso: se ajustan a cada tipo de piel, color de las varices, profundidad o tamaño, y constituyen un arma muy interesante con un enorme potencial en manos entrenadas.

En definitiva: existen muchos tratamientos para muchas varices. El tratamiento debe considerarlo un experto y éste debe estar formado no sólo en el diagnóstico (en este campo es muy importante el eco doppler) sino también en todas las modalidades terapéuticas disponibles. Así puede ofrecer al paciente un tratamiento combinado, que es, en mi opinión, el mejor tratamiento de las varices.


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