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Dermatitis atópica y vitamina D

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Dermatitis atópica y vitamina D

La dermatitis atópica afecta al 20 % de la población infantil.


Supone el motivo más frecuente de consulta en la edad pediátrica. De hecho, en la actualidad estamos observando una tendencia al aumento en la prevalencia de esta enfermedad. A pesar de haberse detectado que los antecedentes familiares de atopia constituyen uno de los mayores factores de riesgo para su desarrollo, factores ambientales también son responsables de la aumento de la prevalencia. A pesar de que la dermatitis atópica es una de las enfermedades más frecuentes su causa sigue siendo desconocida.

Por tanto, cuando vemos a un paciente siempre partimos de la base de que no existe ningún tratamiento que asegure la curación definitiva.


Los fármacos de primera línea son los corticoides y los inmunomoduladores tópicos (tacrólimus y pimecrólimus). El tratamiento con corticoides tópicos no debe mantenerse de forma crónica, pero aplicado cuando es necesario y en ciclos cortos (1-2 semanas) es efectivo y seguro. Es importante recalcar que las cremas hidratantes deben aplicarse sobre piel sana, pero no sobre piel con dermatitis (piel roja), ya que producirá un empeoramiento de las lesiones; sobre la piel con dermatitis debemos aplicar la crema de tratamiento (corticoide o inmunomodulador tópico).

En caso de ser un brote intenso puede estar indicado el tratamiento con ciclos cortos de corticoides orales. Se ha utilizado también la fototerapia (aplicación de radiación ultravioleta de manera controlada), así como un fármaco más potente llamado ciclosporina para las formas resistentes. En casos seleccionados, pueden ser de utilidad otros fármacos inmunosupresores como la azatioprina.

La vitamina D es toda una novedad en el tratamiento de esta enfermedad.


Estudios muy recientes han demostrado una relación entre los niveles sanguíneos de vitamina D y la gravedad de la dermatitis atópica así como los efectos de la ingesta de esta vitamina en la evolución de la enfermedad. Varias publicaciones científicas han demostrado asociación entre bajos niveles sanguíneos de vitamina D y un aumento en la prevalencia y la severidad de la dermatitis atópica.

La vitamina D tiene un papel clave en el correcto funcionamiento de la epidermis. En concreto su presencia es crítica para mantener la función de barrera de la piel, que es precisamente lo que está alterado en pacientes que tienen dermatitis atópica.

De hecho cuando administramos suplementos orales de vitamina D en pacientes que tiene esta deficiencia observamos una mejoría en la evolución de la enfermedad. Es buena práctica, por tanto, solicitar una analítica de vitamina D en los pacientes que presenten dermatitis atópica. Si existen niveles sanguíneos bajos de vitamina D debemos administrar suplementos orales hasta restablecer los niveles en un rango normal.

No obstante no debemos olvidar que se trata de una vitamina liposoluble, por lo que una ingesta excesiva puede dar lugar a complicaciones serias en la salud del paciente.


La automedicación de las vitaminas liposolubles (A, E, D y K) es una práctica de riesgo. La administración de la vitamina D siempre debe ser monitorizada por un dermatólogo en base a los niveles sanguíneos de esta vitamina.

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