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Rosácea y botox

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Rosácea y botox

Recientemente hemos impartido el modulo de botox del V Master de Dermatología Estética de la Universidad de Alcalá de Henares. Me acompañaron expertos en botox a nivel internacional de la talla de la Dra. Elia Roo y el Dr. Pedro Jaén, director a su vez del Máster.

Durante toda una jornada los alumnos y dermatólogos o residentes de dermatología que provenían de toda España, trataron bajo nuestra supervisión a más de 30 pacientes.

Actualmente el tratamiento con botox se ha convertido en el eje de la dermatología estética, siendo impensable convertirse en un dermatólogo que se dedique a este campo sin manejar bien este procedimiento.


La toxina botulínica se ha constituido como la mejor técnica para suavizar las expresiones más inestéticas de la mímica facial, como puede ser el mal humor, cansancio, envejecimiento, estrés o tristeza.

En la práctica dermatológica estética diaria sabemos bien que las combinaciones de tratamientos obtienen sinergías que potencian el efecto deseado. También se cumple esta norma en la combinación de botox con otros tratamientos. Por ejemplo, tal y como se demostró ya en el año 2001, el uso de la toxina botulínica antes de la realización de un resurfacing con láser optimiza los resultados estéticos. Esto ha sido confirmado mediante otros estudios publicados no sólo en el caso del láser, sino otros procedimientos como rellenos o implantes de ácido hialurónico.

Está más que demostrado que cuando asociamos botox y acido hialurónico, la duración del efecto del botox es mayor que cuando la empleamos de forma aislada.


Además de intentar transmitir los conocimientos básicos para que adquieran la destreza necesaria y emplear este procedimiento en la práctica diaria, conversamos sobre otros usos no estéticos de la toxina botulínica, como el bruxismo y la rosácea.

Especialmente interesante nos parece la mejoría del enrojecimiento de la cara que se produce en pacientes que padecen rosácea cuando se aplica botox en forma de mesoterapia (muy superficial). De ello habla un artículo publicado recientemente en la prestigiosa revista “Dermatology Surgery”. El tratamiento de elección para tratar los capilares o las “venitas” propias de la rosácea son los láseres vasculares, tanto el de colorante pulsado como el de neodimio YAG. No obstante, en ocasiones, el enrojecimiento difuso y/o los episodios de “flushing” (enrojecimiento espontáneo súbito a lo largo del día) son difíciles de mejorar con láser. En el artículo publicado por el equipo del prestigioso dermatólogo David J. Goldberg, tratan a 25 pacientes con edades comprendidas entre los 35 y los 70 años . Se les aplica entre 15 y 45 unidades de botox en forma de mesoterapia en nariz y mejillas y se les evalúa fotográficamente al primer, al segundo y al tercer mes tras el tratamiento. El tratamiento resultó una mejoría estadísticamente significativa del enrojecimiento facial (eritema). La mejoría se mantuvo durante los tres meses posteriores al tratamiento.

Se necesitan más estudios para establecer el botox como un tratamiento habitual en los pacientes con rosácea.


No obstante, nosotros sí que hemos tenido casos en los que la respuesta del enrojecimiento facial a la toxina botulínica ha sido muy llamativa. Si bien en otros casos, la mejoría ha sido muy discreta. Aunque el láser es y seguirá siendo el pilar fundamental en el tratamiento del enrojecimiento facial de los pacientes con rosácea, debemos tener en cuenta el botox para casos seleccionados.

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