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Sol y vitamina D. ¿Cuánto debo tomar, Doctor?

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Sol y vitamina D. ¿Cuánto debo tomar, Doctor?

Aunque el “culto” al bronceado tiene todavía una inercia grande, la población se ha ido concienciando sobre los efectos dañinos del sol tomado en exceso.

La labor informativa de la comunidad dermatológica en todos los países es muy intensa.


Campañas como el Día del Euromelanoma, las advertencias y consejos de dermatólogos en medios de gran audiencia, avances en las moléculas fotoprotectoras, nos van a permitir combatir a tiempo muchos cánceres de piel. Cada vez son más los que deciden posicionarse en el polo opuesto, en una especie de “cruzada antisolar”.

Ahora bien, todos los extremos son malos; no podemos pasar de la tanorexia a la palidez total, pues esto último tampoco es saludable. Independientemente de los efectos psicosociales que pueda tener el estar bronceado (endorfinas, aspecto vacacional y de estatus social…) hay un motivo metabólico que aconseja cierta exposición solar; se llama Vitamina D.

La vitamina D es sintetizada gracias al efecto de la luz ultravioleta sobre la piel y en menor proporción llega por la dieta.


Más allí del conocido mantenimiento de la masa esquelética, a la vitamina D se la relaciona con la regulación del sistema inmunitario y la protección contra el cáncer, infecciones y dolor crónico.

Para entender la importancia de esta vitamina podemos comentar dos hechos:

  • En la adaptación del “homo sapiens”, desde sus orígenes en África hacia territorios más al norte, uno de los hechos más trascendentes fue el progresivo blanqueamiento de la piel. El motivo no fue otro que conseguir que el sol penetrase para poder sintetizar el precursor de la Vitamina D, sin el cual, difícilmente hubiera evolucionado.
  • Hace millones de años, el “apagón” solar tras el meteorito de Yucatán, y la falta de luz ultravioleta para sintetizar vitamina D, parecen estar detrás de la extinción de los dinosaurios. Se habría hecho imposible regular el metabolismo cálcico, dada su gran masa ósea.

El aporte por la dieta en el mundo occidental no cubre las necesidades diarias. Se estima que más del 50% de la población occidental tiene niveles subóptimos en las estaciones menos soleadas del año. No solo ocurre en razas de piel oscura que viven en países al norte, sino también en personas de piel clara, que por el estilo de vida sedentario se aíslan del sol.

Las consecuencias de estos niveles bajos no solo serían en el metabolismo óseo (osteoporosis, raquitismo) sino que cada vez hay más evidencias de la implicación de esta vitamina en el funcionamiento correcto del sistema inmunológico.

Su déficit podría favorecer la aparición de determinadas enfermedades como el Lupus, A. Reumatoide, enfermedad inflamatoria intestinal.


Si esto fuera poco, hay una fuerte evidencia de la relación entre determinados tumores internos, especialmente cáncer de colon, y niveles bajos de Vitamina D.

A la vista de estas evidencias, la controversia sobre si los niveles idóneos de vitamina D hay que conseguirlos con la exposición solar y/o suplementos orales, está servida.

Contestando a la pregunta que da pie a este escrito, nos apoyaríamos en tres pilares:

  • Usted debe tomar el sol con el fin de adquirir un tono de piel acorde a su capacidad de bronceado y siempre evitando la quemadura solar. Si siempre se quema, no lo intente y protéjase. Quizá precise suplementos de vitamina D según la época del año.
  • El bronceado obtenido previene de quemaduras posteriores, pero nunca debe ser la excusa para acumular horas de sol en la piel.
  • La revisión anual por el dermatólogo permite detectar en sus inicios la casi totalidad de los cánceres producidos por el sol. Si usted es persona de riesgo, esa debería ser la frecuencia de sus visitas.

 

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