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Toxina botulínica: una solución eficaz para la sudoración excesiva

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Toxina botulínica: una solución eficaz para la sudoración excesiva

La sudoración excesiva o hiperhidrosis primaria es una condición bastante frecuente que afecta sobre todo a las axilas y a las palmas de las manos (también a las plantas de los pies, la cara, los glúteos…).

Se trata de una sudoración que no tiene nada que ver con el calor o con la regulación de la temperatura corporal, sino con estímulos emocionales. Típicamente los pacientes sudan igual en verano que en invierno, no sudan mientras duermen y lo hacen especialmente en condiciones de estrés o vergüenza.

Produce un importante impacto en la calidad de vida: condiciona el tipo de ropa que el paciente elige (para que no se noten las manchas de sudor), avergüenza dar un apretón de manos con las palmas húmedas, dificulta los exámenes a los estudiantes, que mojan el papel del examen y se les escurre el bolígrafo, estropea la ropa y el calzado rápidamente y en ocasiones es una barrera para las relaciones interpersonales y afectivas.

El tratamiento de la hiperhidrosis siempre es un reto para el dermatólogo, que debe descartar en primer lugar otras causas médicas de hipersudoración.


Una vez hecho el diagnóstico de hiperhidrosis primaria hay que decidir, en función de la zona que suda y de las características del paciente, cuál es el tratamiento más adecuado.

La toxina botulínica es una solución eficaz y segura en prácticamente todos los casos de hiperhidrosis axilar y en una gran mayoría de las hiperhidrosis palmares y focales.


Funciona bloqueando el estímulo nervioso sobre la glándula sudorípara. Y la glándula no puede sudar si no recibe una orden del nervio. El efecto de la toxina botulínica es reversible y dura unos 6 meses.

El hecho de que se bloquee la sudoración en una zona circunscrita de la piel (axilas, palmas, glúteos…) no afecta al funcionamiento normal del organismo ni a la regulación de la temperatura corporal, ya que se trata de un área pequeña y toda la piel del cuerpo está cubierta por glándulas sudoríparas que funcionan adecuadamente.

El tratamiento es muy sencillo. Primero se hace un “test del sudor” que permite delimitar con precisión la zona que suda. Después se infiltra toxina botulínica en varios pinchazos con una aguja muy fina. En la axila el procedimiento es poco molesto y no requiere anestesia. En el caso de las manos es necesario anestesiar previamente. Los efectos empiezan a notarse a las 48 horas y son máximos a la semana. Se mantienen durante seis meses.

Este tratamiento mejora extraordinariamente la calidad de vida de los pacientes.


Su perfil de seguridad es tan bueno que puede incluso hacerse con intenciones cosméticas además de médicas.

El dermatólogo tiene en sus manos un buen abanico de tratamientos además de la toxina botulínica: la iontoforesis, tratamientos tópicos como las sales de aluminio y el glicopirrolato en fórmula magistral, y orales como la oxybutinina. Hay que considerar cada paciente y cada caso.

Es una pena infravalorar el gran deterioro psicológico que produce la sudoración excesiva y no consultar al especialista. Hay soluciones médicas seguras y eficaces.

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