Consejos para proteger tu piel cuando hace calor

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La subida de las temperaturas, la exposición al sol y otras circunstancias ambientales típicamente veraniegas pueden pasarle factura a nuestra piel en forma de fotoenvejecimiento, deshidratación y otros problemas cutáneos. Te contamos cómo puedes evitarlos para lucir una piel radiante en estas vacaciones.

Cómo afecta el calor a la piel

El calor y las altas temperaturas repercuten en una deshidratación más rápida de la piel por dos motivos obvios, pero fundamentales: el primero es que la ropa de verano deja más proporción de piel al descubierto. El mero hecho de estar al aire aumenta la evaporación de agua desde la dermis. El segundo factor es que el calor hace que sudemos más y que, por lo tanto, perdamos líquidos más deprisa.

Esta deshidratación más acusada hace que la piel se reseque, esté tirante, pique, se irrite e incluso presente descamación. Además, la piel deshidratada presenta un aspecto acartonado y áspero que hace que se noten más las líneas finas y las arrugas.

Para combatirla debemos poner en práctica una serie de consejos que aporten hidratación a nuestra piel y refuercen la barrera cutánea para evitar la evaporación de líquidos cuanto sea posible.

Deshidratación y fotoenvejecimiento en verano

El sudor es un proceso fisiológico natural que, entre otras cosas, sirve para regular la temperatura corporal. En verano es normal sudar de manera más profusa. De esta forma, además de asegurarnos de reponer los líquidos y sales minerales que perdemos a través del sudor, también tendremos que tener cuidado de mantener la piel limpia y seca, ya que si el sudor se acumula en los pliegues de la piel puede ocasionar cierta irritación.

Por su parte, el cloro, el viento, el salitre, la arena de la playa y, sobre todo, el sol son factores estrechamente ligados al verano que no le van nada bien a nuestra piel si no ponemos cuidado en controlarlos.

El cloro es un agente irritante que deteriora la barrera cutánea, el viento favorece la evaporación de agua y el salitre irrita y reseca la epidermis. Para combatir sus efectos negativos es conveniente enjuagarnos con agua dulce después de cada baño para eliminar los restos de nuestra piel.

A continuación, habrá que renovar la aplicación de la crema fotoprotectora si vamos a continuar al sol. En este punto, siempre insistimos en que el sol es el agente que más preocupa a los dermatólogos con respecto al cuidado de la piel porque si no nos protegemos adecuadamente con filtros solares potentes aparecen quemaduras, manchas y arrugas.

Este conjunto de factores, conocido como fotoenvejecimiento, repercute en la aparición de arrugas de gesto, en la disminución de colágeno y en el afinamiento de la piel. 

Al final del día, después de la ducha (mejor con agua tibia para no resecar todavía más la piel) habrá que aplicar una crema hidratante en el cuerpo y en la cara para rehidratar y calmar la epidermis.

Qué beber y qué comer para rehidratarnos

Los hábitos alimenticios influyen decisivamente en la salud de la piel. Para combatir los efectos del calor debemos incrementar la ingesta de líquidos para compensar la deshidratación que se produce a causa de las altas temperaturas y de la mayor sudoración.

El agua debe ser la bebida de primera elección y para hacerlo menos monótono podemos recurrir a zumos de fruta natural, infusiones frías… siempre sin azucarar para no alterar la glucemia.

Por su parte, las frutas y verduras típicas de esta época del año nos aportarán, además de agua, fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes que ayudan a mantener la piel jugosa e hidratada. Asimismo, los antioxidantes ayudan a combatir los radicales libres responsables del deterioro de nuestra dermis.

Aprovecha para tomar gazpachos, sopas frías… y ten siempre a mano fruta y verdura para asegurarte un buen aporte de betacarotenos, los pigmentos naturales del grupo de los carotenoides responsables de dar el color amarillo, rojo y anaranjado a los productos vegetales. Estos compuestos son precursores de la vitamina A y su efecto antioxidante es muy ventajoso para evitar el envejecimiento cutáneo.

Los mejores cosméticos en época de calor

Las lociones y cremas hidratantes deben ser un básico en nuestro neceser de verano para asegurar la rehidratación y reparación de nuestra piel. Estor productos deben ayudar a mantener el manto hidrolipídico y a evitar la evaporación de agua.

El ácido hialurónico es una molécula muy valiosa por su capacidad para retener agua, de manera que es conveniente que figure como ingrediente en los productos diarios del cuidado de la piel. La manteca de karité, el aceite de argán y la rosa mosqueta son otros elementos que ayudan a hidratar y suavizar la piel en verano.

Para la cara, hay que huir de la idea de que los fotoprotectores y cremas hidratantes y nutritivas no son necesarias en verano porque engrasan la piel y provocan la aparición de granitos. No hay que confundir una piel nutrida con una piel engrasada, de manera que para evitar esa sensación de piel aceitosa y pesada lo mejor es decantarse por productos oil free y texturas en gel o muy fluidas.

Asimismo, las aguas termales y brumas tienen un efecto refrescante muy agradable que, además, ayuda a aliviar la sequedad y la tirantez de la piel asociadas a la deshidratación.

Para mejorar el aspecto de la piel es conveniente hacer una exfoliación suave una vez a la semana. Los productos para llevar a cabo este tratamiento deben ser de los llamados queratolíticos, ya que ayudan a afinar el estrato córneo de la epidermis y permiten que los productos hidratantes que usemos después penetren mejor en la piel.

Finalmente, después de las jornadas de sol no debemos olvidar hidratar nuestro cuerpo con productos aftersun que refrescan la piel y alivian la sensación de escozor y quemazón después de la exposición solar más o menos prolongada. Estas cremas además rehidratan la piel y ayudan a que mantenga su humedad, devolviéndole la elasticidad y el buen aspecto.

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