Los errores más frecuentes que se cometen en fotoprotección

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A pesar de que como cada año por estas fechas los especialistas en el cuidado de la piel nos esforzamos porque la población reciba claramente los mensajes sobre cómo protegernos de la radiación solar, lo cierto es que todavía nos queda mucho trabajo por hacer, a tenor de los errores que se siguen cometiendo a la hora de poner en práctica los hábitos de fotoprotección. Aquí os traemos un repaso de lo que peor solemos hacer:

Dejar la protección solar solo para las vacaciones

La fotoprotección debe ser una costumbre diaria, durante todo el año y aunque el día amanezca nublado y sin sol evidente. Los rayos ultravioleta atraviesan las nubes y aunque no sintamos el calor con la misma intensidad que en días soleados, lo cierto es que nuestra piel sufre igual o incluso más, ya que la ausencia de calor hace que estemos más tiempo expuestos a la radiación nociva sin advertir del peligro que ello supone.

Usar un factor de protección solar demasiado bajo

El índice de protección solar que reflejan las etiquetas nos indica la cantidad de minutos que podemos estar al sol sin quemarnos. No obstante, todavía hay mucha gente que piensa que este número está relacionado con la intensidad del color moreno, de tal manera que un índice bajo favorece un bronceado más intenso y rápido, mientras que uno alto hará que la piel no adquiera color.

Nada de eso. Hay que insistir en que el proceso de bronceado es en realidad un mecanismo de defensa de nuestro organismo para protegerse de la amenaza que supone la radiación ultravioleta. Sin la protección adecuada, en realidad no estamos favoreciendo la aparición del color moreno de la piel, sino el de una quemadura.

De esta forma, la piel protegida con una crema de índice alto se pondrá morena, pero lo hará de manera más lenta, aunque también más segura, porque lo que no hará será quemarse. No obstante, eso no quiere decir que un factor de protección solar alto nos haga invulnerables, simplemente significa que disponemos de más tiempo antes de que nuestra piel se empiece a poner roja y se produzca el eritema solar.

No ser generosos a la hora de aplicar la crema fotoprotectora

Uno de los errores más frecuentes a la hora de tratar de protegernos del sol es aplicar una cantidad insuficiente de crema solar. Para que estos productos cumplan su función adecuadamente, deben administrarse en cantidad suficiente. No se trata de embadurnarse, pero sí de aplicar una cantidad suficiente de loción o crema fotoprotectora.

En esta línea, también es frecuente encontrarnos con el mito de que aplicando la crema fotoprotectora una sola vez en toda la jornada estaremos a salvo de la radiación solar. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos productos van perdiendo eficacia a lo largo de las horas.

Además, el roce con la ropa, las toallas, los baños sucesivos… acaban incluso con los productos más duraderos. Incluso si en la etiqueta pone waterproof (resistente al agua) debes renovar su aplicación cada dos horas; incluso antes si sudas o te bañas.

Pensar que aplicarse la crema es suficiente

Creer que la crema es suficiente para evitar los daños de la radiación solar es otro de los errores más habituales en lo referente a fotoprotección. Esta conducta preventiva ha de complementarse con otras medidas de barrera, tales como ropa larga, viseras, gafas de sol, gorras, sombreros de ala ancha… que proyecten sombra sobre zonas de nuestro cuerpo especialmente vulnerables, como la nariz, las orejas, la nuca o la frente.

Con respecto a la elección del sombrero, hemos de aclarar que es importante para proteger la fibra capilar y el cuero cabelludo de quemaduras, además, de jugar un papel importante a la hora de cuidar la piel del rostro, especialmente en el caso de los niños, las personas calvas y las que tienen el pelo claro.  .

Para protegernos adecuadamente del sol, debemos escoger sombreros con el ala suficientemente ancha como para proyectar sombra sobre la cara, incluyendo la nariz y las orejas, ya que estas áreas reciben mucha radiación solar y son susceptibles de quemarse fácilmente. También es conveniente escoger un modelo que cubra o haga sombra sobre el cuello, otro de los grandes olvidados a la hora de pensar en la protección solar.

De esta manera, hay que optar por sombreros que cuenten con ala por toda la circunferencia de la cabeza y que ésta sea, como mínimo, de tres centímetros. La clásica pamela playera es un excelente ejemplo, pero existen otros modelos que también cumplen con este requisito, como son el sombrero panamá, el canotier veneciano o el cordobés.

Por otro lado, el tejido más adecuado es la tela… y cuanto más tupida mejor, puesto que es la que no deja pasar la radiación solar. Es cierto que los sombreros de paja, rafia o similar protegen en cierta medida, pero no son los que más lo hacen. Además, hay que tener en cuenta que muchos diseños incluyen calados y huecos en la trama que invalidan parte del escudo frente al sol. En el mercado hay modelos de sombrero en cuya etiqueta figura que incorporan protección solar específica. Si se pretender una protección solar óptima, esta es la mejor alternativa.

Finalmente, e igual que sucede con la ropa, a la hora de protegerse adecuadamente del sol, lo mejor es decantarse por sombreros de color oscuro porque los colores claros dejan pasar mucha más radiación ultravioleta. El negro, el azul marino, el marrón oscuro, son pues mejores alternativas que el color blanco, por muy veraniega que resulte esta opción.

No tener en cuenta la fecha de caducidad de la crema solar

Hay que metérselo en la cabeza. Los cosméticos y las cremas tienen fecha de caducidad; las fotoprotectoras también. No obstante, uno de los hábitos más comunes entre la población es reutilizar las cremas fotoprotectoras de un año a otro pensando en que los filtros solares estarán intactos… pero lo normal es que el tiempo haya oxidado los ingredientes convirtiendo el producto en una crema sin ninguna protección.

La cosa cambia si la crema solar no llega a abrirse, en cuyo caso lo único que habrá que hacer es prestar atención a la etiqueta para ver que no haya caducado. En ese caso, es válida; de lo contrario, habrá que desecharla incluso sin abrir. Tenlo en cuenta a la hora de comprar las cremas que irás necesitando para tus vacaciones.

Si la crema tiene un color distinto al original, su textura está alterada (muy líquida, con grumos, demasiado espesa…), huele raro o presenta los componentes como si estuvieran disgregados… no la uses

Dejarse zonas libres de crema

Extenderse el fotoprotector es una tarea que debe hacerse a conciencia. De esta forma, hay que tener especial cuidado en no dejarse zonas como nariz, orejas, nuca, empeines, escote, cuello, hombros… a los que a veces no prestamos tanta atención como a otras áreas del cuerpo. Para llegar a las zonas más inaccesibles de la espalda o la parte trasera de las piernas, no dudes en pedir ayuda, lo mismo que para revisar los lunares que no tengas tan a la vista.

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