Láser y dermatología

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Categoría: Láser

La Dermatología es una de las especialidades médicas en las que el láser y otras fuentes de luz relacionadas han alcanzado una enorme importancia, tanto en el campo de la estética como en el tratamiento de múltiples patologías. El empleo del láser en Dermatología ha evolucionado desde los primeros láseres continuos, poco específicos, a los sistemas actuales, diseñados de forma que permiten tratar de forma selectiva y segura múltiples alteraciones cutáneas.

Entre las últimas novedades en este campo cabe destacar el desarrollo de los láseres fraccionados, poderosas herramientas para el rejuvenecimiento cutáneo y el remodelado del colágeno.

Con ellos se pueden tratar eficazmente problemas difíciles, como las cicatrices de acné, y lograr un rejuvenecimiento global de la piel. Su principal ventaja respecto a sistemas previos, como los láseres ablativos confluentes, es la rápida recuperación tras el tratamiento, permitiendo incorporarse rápidamente a la actividad habitual.

Más recientemente se han comercializados sistemas láser novedosos en el campo del tratamiento de lesiones pigmentadas, las frecuentes “manchas solares”, y en la eliminación de tatuajes, con un nuevo láser de Alejandrita que emite pulsos extremadamente cortos, del orden de los picosegundos. Este nuevo sistema podría mejorar la eficacia de los sistemas previos en la fragmentación de las partículas de pigmento y su eliminación posterior.

El tratamiento de los acúmulos localizados de grasa y la celulitis también ha sido objeto de nuevos desarrollos en tecnología láser, con la aparición de sistemas láser que permiten actuar sobre la grasa y a la vez conseguir un tensado de la piel, mejorando los resultados estéticos.

Pero hoy en día no podemos hablar de láser en Dermatología sin referirnos también a la luz pulsada intensa, a menudo conocida como IPL (Intense Pulsed Light).

La IPL no tiene las características físicas de luz “pura” de un láser, sino que es una luz policromática y no ordenada, pero que actúa sobre la piel aprovechando la capacidad de absorción de la luz de diferentes estructuras cutáneas, como los vasos sanguíneos, la melanina o el colágeno, del mismo modo que lo hace el láser. Sus múltiples longitudes de onda la convierten en un instrumento versátil, que actúa simultáneamente sobre diferentes dianas, de modo que podemos mejorar a la vez las irregularidades de la pigmentación y la cuperosis o rojeces. Además su efecto sobre el colágeno mejora la textura de la piel.

Los sistemas modernos de IPL han conseguido lograr altos niveles de eficacia, con un buen perfil de seguridad, incorporando múltiples filtros que eliminan las longitudes de onda no necesarias y que podrían ser responsables de efectos secundarios, así como sistemas de enfriamiento de la epidermis que permiten tratamientos confortables, con mínima molestia, y muy seguros.

A pesar de todas las maravillas del láser y la luz pulsada, es importante tener presente que no estamos ante una varita mágica: en primer lugar, no todo se puede tratar con láser, es imprescindible un diagnóstico y una indicación correcta por parte de un dermatólogo cualificado. Y, además, estos tratamientos no están exentos de efectos secundarios, por lo que sólo deben ser realizados por especialistas adecuadamente formados en este campo.

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