Piel de los niños en verano

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Categoría: Dermatología pediátrica

Con la llegada del verano la vida de nuestros pequeños experimenta una verdadera revolución. Todo son cambios: nuevos horarios, nuevas rutinas, nuevas actividades y nuevas condiciones climáticas.

No es raro que tanta novedad tenga también su reflejo en su piel y en algunos problemas cutáneos que nos encontramos ahora con mayor frecuencia que durante el resto del año.

Empezando por las picaduras, que podemos considerar en general una incidencia banal, pero que en algunos casos adquiere mayor importancia. Muchos niños presentan una gran reactividad a las picaduras de insectos, y sufren importantes edemas (hinchazón) en la zona afectada, que se hace más visible y preocupante cuando se trata por ejemplo de los párpados. Sin embargo, a pesar de la apariencia llamativa del cuadro, no debe alarmarnos, pues generalmente se trata de picaduras corrientes, de mosquito casi siempre, que se resuelven espontáneamente.

A veces puede resultar de utilidad el empleo de antihistamínicos por vía oral y algún corticoide tópico si la reacción es intensa, siempre bajo prescripción médica. Si en una picadura observamos dolor o una evolución tórpida con intensa inflamación, habrá que valorar la posibilidad de una sobreinfección que puede requerir el uso de antibióticos.

Algunas infecciones superficiales de la piel son más frecuentes en verano.

El baño en charcas o en piscinas cuyas aguas no estén adecuadamente tratadas puede favorecer las foliculitis o las infecciones por pseudomonas, que a veces en los niños se manifiestan como nódulos localizados en la palma de las manos y plantas de pies.

Las infecciones por hongos tampoco son raras, sobre todo en los pies, al igual que las verrugas plantares y el molluscum, que se deben a infección vírica.

En general, estas infecciones no revisten gravedad y pueden ser fácilmente tratadas por el dermatólogo.

Los campamentos veraniegos, donde muchos niños conviven estrechamente, favorecen a veces el contagio de algunas de estas infecciones o de infestaciones como la pediculosis capitis, o sea, los conocidos piojos, por lo que es importante estar alerta ante la posible presencia de estos “visitantes” y establecer un tratamiento adecuado.

La mayor parte de los niños disfrutan enormemente en la piscinas, y resulta difícil sacarles del agua. Aunque se trata de una diversión estupenda, en algunos casos puede provocar alteraciones en la piel.

Los niños atópicos con frecuencia ven agravada su dermatitis por el baño prolongado en las piscinas, aunque el efecto beneficioso del sol compensa en parte este problema. Es fundamental mantener una buena hidratación de la piel atópica también en verano, pasar por la ducha tras la piscina para eliminar el exceso de cloro, y, en casos con evidente empeoramiento en relación con la piscina, existen cremas con barrera específicas que se aplican antes del baño y ejercen un efecto protector eficaz.

La aparición de rojez y descamación en las palmas de las manos y, especialmente en la cara palmar de los dedos recibe el expresivo nombre de palmas de piscina, y se debe a la fricción repetida con la superficie rugosa de la piscina, especialmente en niños pequeños, que pasan la mayor parte del tiempo jugando más que nadando.

No se necesita un tratamiento específico, la evolución es la curación espontánea al cesar la actividad.

A pesar de estos y otros pequeños inconvenientes que pueden surgir en relación con las actividades al aire libre, como dermatitis por contacto con plantas; con el calor, como sudaminas en niños pequeños; o con los viajes estivales, como picaduras de medusas o dermatitis del bañista, el verano suele ser una buena época para la piel de los niños, especialmente de los átopicos, que suelen beneficiarse de las estancias en el mar y en climas húmedos.

La protección solar adecuada y no olvidarse de los cuidados habituales de la piel ayudarán a disfrutar plenamente de esta época de vacaciones.

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