Angioma

La palabra angioma incluye diferentes lesiones de origen vascular, entre las cuales se encuentran los angiomas planos, los hemangiomas infantiles y los seniles o puntos rubí.

  • Angioma plano: son lesiones que ya están presentes en el nacimiento, son planas, violáceas y se localizan habitualmente en la cara o cuello. Son fijas y no suelen desaparecer de manera espontáneas.
  • Hemangioma infantil: son lesiones que no suelen estar presentes en el nacimiento, sino aparecer durante los primeros meses de vida, siendo por tanto lesiones típicas de la infancia. Son tumores benignos vasculares con relieve, de color rojizo. Suelen tener una evolución típica, con crecimiento progresivo los primeros meses, estabilización y una fase de involución que suele durar años, tras la cual la lesión puede desaparecer completamente.
  • Angioma senil o punto rubí: son lesiones que aparecen en adultos a partir de los 30-40 años, en forma de pequeños puntos rojizos por el tronco de tamaño menor de 1 cm, fijos y que no desaparecen espontáneamente.

El diagnóstico es habitualmente clínico. En lesiones como el plano y el hemangioma infantil puede estar indicado un estudio de imagen (resonancia magnética), dependiendo de la localización.

La actitud terapéutica varía según el tipo de angioma:


  • Angioma plano: los láseres vasculares se consideran el tratamiento de elección. Existen lesiones que pueden requerir láseres que combinen dos longitudes de onda.
  • Hemangioma infantil: dependiendo del tipo de hemangioma podemos adoptar una actitud expectante, en espera de la habitual autorresolución, o bien emprender un tratamiento con corticoides o propranolol, encaminados a disminuir el tamaño de la lesión. En casos seleccionados puede estar indicado el láser o la cirugía.
  • Angioma senil: responden satisfactoriamente a diversas medidas terapéuticas como el láser o la electrocirugía.