Picaduras de insectos

Se entiende por “picaduras de insectos” a las lesiones cutáneas producidas por la reacción de hipersensibilidad frente a la picadura de un artrópodo. Es importante señalar que en ocasiones los artrópodos pueden actuar como vectores de enfermedad. Los artrópodos más frecuentes son los insectos (mosquitos, abejas, pulgas, chinches, orugas..) sin embargo, no hay que olvidar que hay otros artrópodos como por ejemplo los arácnidos que también producen lesiones cutáneas.

La picadura en sí habitualmente no es dolorosa, lo que sí produce clínica es la reacción que desencadena que en general ocasiona un prurito importante. La lesión inicial es una roncha roja que se suele seguir a las pocas horas de una lesión milimétrica, roja con un punto purpúrico central o una pequeña vesícula. Las lesiones duran alrededor de una semana y se resuelven espontáneamente. Las picaduras pueden presentarse en cualquier época del año pero son más frecuentes en primavera y verano. Es característico que se presenten agrupadas en una zona corporal pudiendo distribuirse de forma lineal.

El diagnóstico de picadura suele ser obvio y no entraña ninguna dificultad. Más complicado es determinar el insecto que la ha producido, la distribución de las lesiones puede orientar pero no confirmar, sólo cuando la picadura la ha producido una garrapata y ésta se encuentra adherida a la piel el diagnóstico resulta obvio.

En el brote agudo se emplean antihistamínicos orales, lociones antipruriginosas, corticoides tópicos e incluso corticoides orales si la clínica es muy intensa. Es importante también tener en cuenta las enfermedades que pueden ser transmitidas por artrópodos (fundamentalmente enfermedad de Lyme, fiebre botonosa o botón de oriente). Como medida preventiva se urde recurrir al empleo de repelentes de insectos.