Queratósis Actínica

Son lesiones precancerosas producidas por exposición solar crónica, que se manifestan en forma de lesiones queratósicas, costrosas, localizadas en la piel expuesta (frente, cara, manos…). La Queratósis Actínica suele afectar a pacientes ancianos y sometidos a fotoexposición crónica.

Las lesiones se presentan como escamas o costras amarillentas o marronáceas, rasposas, en zonas de piel expuesta al sol, sobre todo en la zona de la calva y de la cara. Es habitual encontrar junto a estas lesiones otros signos de envejecimiento de la piel inducidos por el sol como la atrofia, lentigos solares, telangiectasias…

El diagnóstico suele realizarse clínicamente, pero ante la duda de la existencia de un carcinoma epidermoide, estará indicada la biopsia cutánea. Está indicada la exploración minuciosa de la piel del paciente, en busca de otras lesiones inducidas por el sol, como carcinomas basocelulares, epidermoides o melanomas.

Además de explicar al paciente la relación de las lesiones con el sol y aconsejar fotoprotección para prevenir la aparición de nuevas lesiones, debemos tratar activamente las ya existentes. Para su tratamiento disponemos de diferentes opciones terapéuticas:

  • Crioterapia: destrucción por congelación de las células alteradas mediante un spray de nitrógeno líquido.
  • Imiquimod tópico: inmunomodulador tópico que requiere ser aplicado varios días a la semana durante mínimo un mes. Produce una reacción inflamatoria intensa, efecto buscado para la destrucción de las células alteradas.
  • Terapia fotodinámica (TFD): moderna técnica con excelente resultado estético que permite tratar múltiples queratosis actínicas en una sesión. El mecanismo de acción de la TFD es el siguiente, tras la aplicación tópica de una sustancia fotosensibilizante, ésta es absorbida e incorporada a las células de nuestra piel, pero en mayor medida en aquéllas con un metabolismo y un recambio más rápido, como es el caso de las células tumorales. Posteriormente se expone la zona a una fuente de luz con una longitud de onda adecuada que excite la sustancia fotosensibilizante acumulada principalmente en las células tumorales. Como consecuencia se producen moléculas de oxígeno tóxicas que dañan las membranas y otros componentes celulares, causando la destrucción selectiva de las células neoplásicas con preservación de las células sanas vecinas.

La técnica es sencilla. El día del tratamiento se retiran las costras de la lesión, se aplica la crema y se deja cubierta durante 3-5 horas, según el tipo de fotosensibilizante empleado. Durante este período el paciente puede regresar a su casa o trabajo. A su regreso se retira la crema y se procede a iluminar la zona a tratar durante aproximadamente 10 minutos. En la mayoría de los casos se requieren una o dos sesiones de tratamiento. Excepcionalmente pueden requerirse sesiones adicionales.


Durante la aplicación de la luz el paciente puede sentir picor, ardor, calor o dolor que se alivian con el uso de aire frío, agua fría en aerosol o algún anestésico de uso local. Después del tratamiento puede aparecer inflamación, costras y piel bronceada que mejorarán durante los días siguientes. La zona debe mantenerse cubierta durante 48 horas, ya que durante este período el área tratada es sensible a la luz. El paciente puede ducharse normalmente.


La TFD muestra claras ventajas respecto a otras alternativas terapéuticas para la patología oncológica cutánea, como es la poca invasividad, la alta selectividad terapéutica, el excelente resultado cosmético final, la gran seguridad y baja tasa de efectos adversos, y la posibilidad de tratar múltiples lesiones de forma simultánea. Las características de la TFD la hacen un procedimiento especialmente apropiado para personas en que la cirugía esté desaconsejada, ya sea por su edad o por enfermedades (cardiopatía, trastornos de la coagulación, etc.) o en aquéllas con múltiples tumores como es el caso de los pacientes trasplantados, dado que permite su tratamiento de forma menos agresiva.