Rosácea

La rosácea es una erupción facial común caracterizada por eritema, telangiectasias, rubefacción, hiperemia y pápulas y pústulas. Suele aparecer en pacientes mayores de 30 años, predominantemente mujeres.

Es una patología en la que las pacientes presentan enrojecimiento, venitas y granitos en la cara, que empeoran en verano (la rosácea empeora con la exposición solar).

La causa es desconocida. No obstante, hoy en día sabemos que existen varios factores que influyen en su aparición y desarrollo. En concreto, viene determinada por la herencia familiar, la exposición solar, el color y el tipo de piel e incluso algunos medicamentos. En algunas personas influyen factores hormonales como la menopausia.

Los hallazgos se limitan a la zona de la cara y comprenden: enrojecimiento, telangiectasias, papulopústulas (granitos) y episodios de enrojecimiento brusco y pasajero (episodios de flushing). En algunos pacientes podemos observar una hiperplasia de los tejidos blandos de la nariz (rinofima).

Otros signos y síntomas que es frecuente encontrar serían: sensación de quemazón o tirantez, aspecto de sequedad y edema. Es frecuente asimismo que las pacientes con rosácea asocien afectación ocular y sea necesaria la valoración de un oftalmólogo.

El diagnóstico es clínico, encontrando dos o más de los criterios siguientes: presencia de flushing, eritema permanente (cuperosis), pápulas y pústulas y/o telangiectasias.

Inicialmente se debe aconsejar a todo paciente con rosácea que evite la exposición solar mediante el uso de fotoprotectores.

Para las formas leves de rosácea podemos utilizar diferentes compuestos tópicos, como el metronidazol tópico o la loción de sulfacetamida y azufre. En las formas severas estará indicado asociar además un antibiótico vía oral, como las tetraciclinas. Suelen ser necesarios tratamientos de 2-4 semanas para comenzar a visualizar el resultado. En los casos con recidivas crónicas o que no responden se debe considerar la isotretinoína.

El componente vascular residual de la rosácea (telangiectasias) puede tratarse de manera muy eficaz con los láseres vasculares. Estos equipos actúan de manera selectiva sobre las manchas y venas rojas, sin causar ningún daño en la piel circundante. En concreto el láser de colorante pulsado (585-600 nm) destruye las venitas de la cara de pequeño diámetro. Para las venas más gruesas de la cara empleamos el láser Nd:YAG 1064 nm. El procedimiento no produce ningún dolor. Permite destruir la hemoglobina ó pigmento rojo de las venas o manchas sin dañar la piel sana. En el caso de la cuperosis y rosacea suele ser suficiente con una o dos sesiones. Los resultados son excelentes, en muchos casos en una sola sesión. Aunque, dependiendo del tipo de piel y de la gravedad del problema, pueden ser necesarias varias sesiones.

El componente fitomatoso (hiperplasia de tejidos blandos de la cara, como el rinofima de la nariz) pueden tratarse con cirugía o láser CO2.